Ana Amorós, joven promesa de la danza y premio Trianera del Año en la Velá de Santa Ana

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Saray Albenca | @SarayAlbenca


De familia de deportistas, Ana empezó a los cuatro años a practicar la danza clásica. Pero lo hizo como se lo plantea cualquier niño, como una actividad extraescolar infantil. Sin embargo, desde entonces asegura no haberse vuelto a quitar las zapatillas de ballet.

En esta última edición de la Velá de Santa Ana, la comisión organizadora de la Fiesta Mayor del arrabal decidió otorgarle el premio de Trianera del Año a los 22 años de edad. Un galardón que recogió junto al resto de premiados el pasado miércoles 21 de julio sobre el escenario del Hotel Triana, durante el evento inaugural de “los días señalaítos”.

Con motivo de esta distinción, Ana Amorós Calderón (Sevilla, 22 de abril de 1999) atiende a Triana Digital para hablar sobre sus inicios en la danza, su trayectoria y su vinculación con Triana.

  • ¿Cómo surge esta inquietud por el baile?

– Cuando era joven, mi tía hizo gimnasia deportiva y a posteriori decidió completar su formación con la danza clásica. Pero claro, ya era tarde para dedicarse a ello profesionalmente. Eso sí, le gustó tanto que cuando nací, la primera de mi generación, logró convencer a mi madre para que me apuntara a clases de danza clásica. Y desde entonces.

  • Continuaste tu formación en el conservatorio Antonio Ruiz Soler de Sevilla para luego en 2013 ser becada en la escuela de Víctor Ullate. ¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje en estos centros?

– Mi primera beca concebida fue en 2010 pero con 11 años no podía irme sola a vivir a Madrid y mis padres no podían acompañarme. No quería condicionarlos ni tampoco a mis hermanos pequeños para cambiar de ciudad. Por eso, cuando me becaron esta primera vez, no significó nada porque no era consciente. No iba con pensamiento de ser seleccionada. Pero desde aquel momento tuve claro que llegaría un punto, no muy lejano, en que me sentiría más preparada para poder aceptar e irme sola.

Mientras tanto, en el conservatorio, aprendí a amar la danza con toda mi alma, la convertí en una parte de mi vida intocable y formé una familia dentro de ella. Finalmente, con 14 años, pensé que era entonces o nunca y llegó el momento de irme a Madrid y aceptar la beca. Fue muy duro. Sufrí mucho los primeros años, pero en mi interior me sentía plena y luchadora, haciendo lo que de verdad quería. Esta experiencia me aportó bastante madurez, disciplina y técnica en danza. Me consideraba muy afortunada pero no podía ni pararme a pensar en la suerte que tenía porque a mi alrededor no paraban de suceder cambios.

  • Tu debut fue con la Compañía Nacional de Múnich y nada menos que en el Teatro Maestranza de Sevilla, ¿cómo te sentiste al interpretar una obra de la magnitud de “La bella durmiente” en tu propia ciudad?

– Era muy pequeña, pero recuerdo como justo un año antes fui con mi madre al Maestranza a ver un ballet y le dije «mi sueño es subirme a este escenario, no me puedo morir sin bailar ahí». Y al año siguiente se cumplió mi sueño. Además, con una compañía de dicho calibre. Fue un regalo caído del cielo. Una experiencia que me hizo sentir más cerca del mundo profesional.

  • ¿Qué sientes por el barrio de Triana? ¿Qué te une a él?

– Me une todo con Triana. Tengo un hilo invisible que me conecta y conectará para siempre con ella. He conocido muchos lugares en el mundo y esto me ha servido para saber que no hay ninguno mejor que Triana. No he conocido un sitio más lleno de arte, amor y brillo. Sobre todo, es mi casa, a la que siempre quiero volver para encontrarme conmigo misma.

  • Sabiendo esto, ¿qué significa para ti ser Trianera del Año?

– Supone un orgullo, un agradecimiento pleno a mi tierra. Han sido muchos años de sacrificio, es muy satisfactorio que se valore mi trayectoria profesional y más siendo de la mano de mi casa.

  • ¿Qué sueños o metas te quedan por cumplir en la vida? ¿Qué proyectos tienes en mente? 

– Sueño constantemente. Soñé con bailar en el Maestranza y lo logré; soñé que lo haría por España y lo logré; soñé que recorrería mundo bailando y lo logré; soñé que lo haría en una compañía profesional y lo logré; soñé con tocar el cielo con mis puntas bailando… Soñé con no sufrir más por la danza, porque es muy bonita pero hace mucho daño y puede llegar a ser muy dolorosa -no sabes cuánto-. Me gustaría tener una buena relación con este amor tóxico. He soñado que me empaparía de todas mis vivencias, de toda esa gente que me he cruzado por el camino, que me han aportado y enseñado tanto… y también lo he logrado. Ahora sueño con vivir, siempre con la danza agarrada de mi mano, pero sin metas estrictas y fijas. Ya me he machacado muchos años sin apenas poder respirar porque no llegaba a cierta meta en el tiempo justo.

Me gustaría tener una buena relación con este amor tóxico

Con respecto a mis proyectos son todos aquellos que se me presenten en el camino. Voy a luchar porque las cosas no vienen gratis, pero sin sufrir, disfrutando y bailando. Quiero no parar de bailar y daría lo que fuese porque sea en mi país. Mientras tanto… Soñé que sería una profesora de danza que “calaría” a nivel profesional y en la vida de mis alumnos y me estoy formando para ello.

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