Un camino de céntimos para un viaje de fin de curso

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Algo lucía distinto en la calle San Jacinto de Triana. Sobre sus baldosas, tan transitadas los sábados, comenzaron a aparecer ayer monedas de dos, cinco, diez y hasta cincuenta céntimos, en fila y ordenadas con sumo cuidado. Las estaban colocando niños y niñas de sexto de Primaria del colegio San Jacinto para poder financiar su esperado y merecido viaje de fin de curso y cerrar así la primera gran etapa de sus vidas académicas.

Pero había algo más. La idea surgió el año pasado, cuando un padre del colegio propuso recaudar dinero para financiar el viaje y, de paso, batir el récord Guiness de monedas colocadas en línea en nuestro país, un título hasta la fecha en manos de un pueblo de Valencia, donde se alcanzó hasta un kilómetro de longitud. No se consiguió. La fila alcanzó entonces una longitud de 600 metros. Aún así, se recaudaron 1.800 euros y el viaje quedó pagado. Objetivo cumplido.

Este año han querido repetir la hazaña e ir un poco más allá, aunque siempre manteniendo en mente la razón principal del evento. “La idea es que los niños se impliquen”, explica Estrella Oliver, madre y una de las organizadoras de la iniciativa, quien añade que “con los polvorones y las papeletas” son al final los padres los que se encargan de todo.

La idea funciona. Desde las once de la mañana hasta las ocho de la tarde del sábado, niños y niñas de este colegio recorren las calles de Triana con camisetas diseñadas para la ocasión pidiendo contribuciones a los viandantes y curiosos. La ilusión de estos pequeños estudiantes se contagia a medida que cuentan los metros que van acumulando con su recaudación.

“Hoy tenemos el día de convivencia. La familia entera”, relata Estrella. Hermanos, padres abuelos, amigos… todos ponen de su parte para sacar adelante el plan, aunque siempre teniendo en mente que “los niños sean los que se lo curren”.

“A los mayores les dejamos que se alejen más y los pequeños son los que nos ayudan a pegar las monedas y a estar más cercanos a nosotros”, explica Anabel Vilar, otra de las madres impulsoras de la idea. Sobre las monedas pegadas en el suelo aparecen pancartas y carteles invitando a colaborar, mientras son muchos los que se acercan a preguntar y sacar fotos.

Cuando el día llega a su fin, es hora de despegar la gigantesca hilera de monedas de las baldosas y comenzar a almacenarlas para conocer la recaudación de este año. El proceso se dilatará unos días, pero todos aseguran que superarán con creces lo obtenido el año pasado. Al final han logrado una longitud de 900 metros, a las puertas del récord. “El año que viene lo batimos seguro”, dice orgullosa una de las madres mientras despega céntimos del suelo.

Ignacio D. Gayoso

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