Triana necesita una estrategia

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Pintada al inicio de la calle Mosquera de Figueroa, vista desde San Vicente de Paúl. | AUTOR: Jakub Kubiak.


José Antonio Rodríguez Benítez

@JARodriguez_TV
Periodista


Triana es una pieza fundamental en el engranaje turístico y cultural de Sevilla que hasta hace unos años careció de estrategia. Al menos, de elementos sólidos que ofrecer al visitante más allá de unas vistas inigualables desde la calle Betis.

El Centro de Interpretación de la Cerámica y el Museo de la Inquisición se anunciaron como “el premio gordo” de la lotería que acabó tocando en el barrio. Una década después, ambos espacios están obsoletos, sin vida y absolutamente desaprovechados.

El retablo mayor de la Parroquia de Santa Ana se restauró con fondos públicos y gracias a su escuela taller y al trabajo de su párroco se pudo rehabilitar la cripta como espacio museístico. Sólo el retablo de Santa Ana merecería una visita detenida al barrio al representar uno de los mayores legados del renacimiento en Sevilla con las excelsas obras de Pedro de Campaña. En cambio, tampoco parece que la parroquia sea un polo turístico.

Ni siquiera los dos espacios museísticos que las cofradías pusieron en marcha (Esperanza de Triana y Cachorro) han logrado encajar, todavía, en una verdadera estrategia turística de la mano de las administraciones.

A Triana hay que tomársela en serio y por tanto hacer una verdadera revolución urbanística en su centro histórico. ¿Cómo puede una plaza como el Altozano tener un aparcamiento en superficie de contenedores de basura?, ¿o un jardín sucio y descuidado en el que permanentemente proliferan ratas sin que ninguna de las medidas adoptadas por el gobierno llegue a erradicarlas?

Triana debe aprovechar sus paisajes y su arquitectura. Me cuesta entender que la Casa de las Columnas, un edificio histórico del siglo XVIII, sea el mejor lugar para impartir pilates o yoga, como se hace ahora, entre otro tipo de actividades propias del centro cívico que alberga.

¿Por qué no allí un museo que vincule la religiosidad popular con el mar? Si sólo en Triana proliferaron más de una decena de gremios vinculados a la navegación -todos ellos con sus cofradías con un soberbio patrimonio que enseñar-. Sería un espacio único en el Mundo. Ninguna ciudad podría hacer algo así porque ningún barrio tiene ese pasado glorioso.

Es llamativo que los mejores focos culturales del barrio los esté desarrollando la iniciativa privada: la Fundación Cristina Heeren con el flamenco, el Teatro de los Salesianos con las artes escénicas y el restaurante Montalván mediante su difusión de la cerámica con la recuperación de la vieja fábrica. Espacios, todos ellos, llenos, siempre.

Triana necesita una estrategia. Una que descongestione el centro histórico de turismo y que impulse atractivos distintos a los ya conocidos. La otra es inversión, que permita, no sólo inaugurar espacios sino mantenerlos en el tiempo y transformarlos para que no ocurra como con los malogrados Museo de la Inquisición y Centro Cerámica Triana, que han ido a peor desde el día en el que se les cortó la cinta.

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