Salvador Dorado ‘El Penitente’ dará nombre a una plazoleta en la Cava de los Civiles

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El Pleno del Ayuntamiento de Sevilla ha aprobado la nominación de un espacio rectangular existente en un entrante casi al final de la calle Alfarería como Salvador Dorado ‘El Penitente’, en recuerdo del popular capataz y cofrade trianero fallecido hace casi 27 años. Un espacio en la Cava de los Civiles para inmortalizar en nuestro callejero a una figura cuasi legendaria, no solo a nivel cofrade, sino en el contexto local de la Guerra Civil.

Salvador Dorado nació en el barrio de El Arenal en 1912, concretamente en la calle Galera, y se mudó pronto junto a su familia a un corral de vecinos de la trianera calle Castilla. Muy cerca de este emplazamiento se encuentra la plazuela que llevará su nombre, tras haberse aprobado su nominación por unanimidad de todos los grupos políticos. Para ello llegaron casi 170.000 firmas al Consistorio hispalense, lo que dotó de gran fuerza y respaldo a la petición.

Se le conocía con el sobrenombre de ‘El Penitente’ por la forma que tenía de niño de referirse así al “paitente”, pan con aceite que tanto le gustaba. Desde los 15 años ejerció de costalero, en La Cena y El Baratillo, y se retiró en 1943 como consecuencia de las lesiones en los riñones derivadas del desafortunado accidente que sufrió el palio de La O al ser arrollado por el tranvía cuando él iba debajo. Se inició como capataz en La Trinidad en 1946 y pasará a la historia por ser el creador de la primera cuadrilla de hermanos costaleros en 1973 al mando de la cuadrilla del Cristo de la Buena Muerte de Los Estudiantes.

Provocó la difusión de la frase “Al Cielo con Ella”, lugar común del vocabulario cofrade actual, creó el andar de costero a costero del Señor de la Sentencia y levantó el paso del Baratillo a pulso. En su trayectoria como capataz, acumula la friolera de 20 hermandades, solo en Sevilla capital. Entre ellas, las trianeras de San Gonzalo, La O, El Cachorro y las Glorias de Madre de Dios del Rosario y María Auxiliadora. En su copiosa nómina de discípulos se encuentra el recientemente fallecido Jesús Basterra Ayesa, uno de los promotores más activos de la petición de una calle para Salvador Dorado al Ayuntamiento.

Respecto a su papel en la convulsa situación política que se vivió durante su juventud, cabe destacar la actuación fundamental que tuvo en el alzamiento militar de 1936 cuando impidió que incendiaran la basílica del Patrocinio mosquetón en mano, salvando de esta forma las imágenes de su hermandad.  Salvador Dorado fue además capitán del Ejército Republicano, por lo que fue condenado a muerte, pena conmutada por 30 años de prisión. Falleció el 2 de junio de 1991 pero su legado queda para la historia.

Redacción

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