Por qué se equivocó (no solo) el Ayuntamiento permitiendo la tala del ficus de San Jacinto

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Concentración ciudadana en la Parroquia de San Jacinto junto al ficus mutilado. | FOTO: Javier Fernández Maeso.


Javier Fernández Maeso

@JaviFdezMaeso
Director de Triana Digital


La historia del ficus de San Jacinto no la ha escrito Gabriel García Márquez pero era la crónica de una muerte anunciada. Toda la polémica, los cruces de comunicados, los paños calientes, las huidas hacia delante, las protestas ciudadanas… Todo se veía venir. Concretamente desde 2012, hace diez años, cuando el árbol centenario dejó de tener un mantenimiento habitual.

Desde entonces el gobierno municipal prefiere mirar para otro lado, interviniendo subsidiariamente con podas de emergencia en ocasiones puntuales, como indica en sus redes sociales el Consistorio hispalense. Mientras, la Parroquia de San Jacinto, sin recursos económicos para hacerse cargo del ficus, ha procurado por activa y por pasiva que el Ayuntamiento de Sevilla adquiriese su titularidad.

Existían distintas alternativas para ello, por ejemplo incorporar este árbol con más de cien años de historia en el Catálogo de Árboles Singulares y Grandes Ejemplares de la ciudad. Por el contrario, los gobiernos municipales que han regido Sevilla estos últimos diez años han abandonado el ficus a su suerte, hasta el punto de que su falta de mantenimiento ha producido graves accidentes como el que hirió a seis personas en 2021 y costó a una mujer la incapacidad permanente.

La Parroquia de San Jacinto, ya desesperada, llevaba bastante tiempo reclamando su tala. Con un informe encargado por la comunidad dominica, emitido por un arquitecto, logró al fin la licencia de apeo por parte del Ayuntamiento de Sevilla. Esta se aprobó en la Junta Municipal de Distrito, donde los partidos políticos votaron exclusivamente en base a este informe, la versión de la parroquia y la del gobierno municipal.

Pero ningún grupo fue a más. Todos votaron a favor de la tala, excepto Podemos, que se abstuvo. El nivel y la hipocresía evidenciados por la oposición en dicho asunto son alarmantes. El PP, que votó a favor del apeo, por medio de su portavoz, Juan de la Rosa, solicitaba hace escasos días al gobierno municipal el acceso al informe con el que se justifica la tala y criticaba el oscurantismo de todo este proceso. Claro, lo hace cuando las protestas ciudadanas para salvar el ficus copan portadas de los medios nacionales y protagonizan horas de televisión… ¿Por qué no lo hizo antes de votar a favor del apeo?

Vecinos concentrados alrededor del ficus de San Jacinto. | FOTO: Javier Fernández Maeso.

Luego está lo de Podemos Sevilla, que se abstuvo, y ahora pretende instrumentalizar la lucha de la plataforma ciudadana para conservar el ficus publicando imágenes desde sus concentraciones. Si está a favor de sus reivindicaciones, ¿por qué no votó en contra del apeo?

Este es el consenso político del que presume el Ayuntamiento al defender la concesión de la licencia a los dominicos. Luego está el de las entidades del barrio. En total, 33. Un tercio de ellas, 11, lo forman hermandades penitenciales y letíficas de Triana. Bueno, y Las Cigarreras, que pertenece al Distrito Los Remedios pero por lo visto también opina. ¿Ha votado apoyar la tala alguna de estas corporaciones en cabildo? ¿O simplemente ha informado a sus hermanos? Me temo que no… Son decisiones de sus juntas de gobierno, solo cimentadas en las versiones del Ayuntamiento y la Parroquia de San Jacinto con el informe de un arquitecto, más que de los hermanos de cada cofradía.

De hecho, estereotipos aparte -para muchos esto resultará inconcebible en su estrechez mental-, en las movilizaciones para salvar el ficus están participando católicos y cofrades, que también lo hacen sin manifestar físicamente, en persona, su desacuerdo con la tala y lo están realizando por diferentes vías.

Algo similar que con las cofradías sucede con las demás entidades: cinco asociaciones de vecinos, tres peñas culturales, tres AMPAs y once colectivos sociales, deportivos, culturales o de ocio. Así, la prueba incontestable de que no existía el consenso ciudadano con el que se justificaba el gobierno municipal son las propias protestas ciudadanas, que no han cesado desde el jueves 11 de agosto.

Pero claro, para restar credibilidad a los manifestantes han tratado de cuestionar, especialmente la parroquia, su vinculación con el barrio. Solo había que darse un paseo por la zona y escuchar hablar a los vecinos; estar en la calle. ¡Pero si estaba hasta la kioskera del colegio San Jacinto! O la trianera que lloraba tras la pancarta, cuya hija contaba que la emoción de su madre se debía al importante símbolo, testigo de su vida en el barrio, que era el ficus.

Con o sin consenso ciudadano, que no había ninguno, esto tiene relevancia únicamente hasta unos límites, porque: ¿quiénes somos los vecinos sin conocimientos técnicos para opinar sobre el estado del árbol o la pertinencia de talarlo? El problema es cómo se ha gestionado el proceso, sin encargar informes técnicos a especialistas de distintos sectores profesionales, como arboristas o biólogos, e intentando darle la menor publicidad posible, en lugar de abrir los informes a la ciudadanía y hacer un poco de pedagogía antes de tomar una decisión de tal calibre.

En cambio, el ficus de San Jacinto solo es la guinda del pastel que constituye la terrorífica política de Parques y Jardines de este Ayuntamiento. Sí, el que deseaba ser la Capital Verde Europea el año que viene (la única forma es que el Betis gane la Europa League). El que lleva meses sin podar Juan Díaz de Solís, donde anteayer cayó una rama de grandes dimensiones, el que permite que en el túnel de la calle Américo Vespucio la vegetación invada la calzada hasta el punto de casi no dejar circular a los autobuses, el del gran bulevar verde de Ronda de los Tejares, que a ver si llega o no llega.

El mismo que, según asegura, solo apea árboles “por motivos de seguridad o fuerza mayor”. “Fuerza mayor” es talar 230 árboles en Nervión para ampliar un tranvía que va más lento que el coche de los Picapiedra y que hará más complicado para el peatón moverse por Luis de Morales y la Avenida de San Francisco Javier, con el caos que supone aglutinar en la misma vía carril bici, acerado, tranvía y calzada para el tráfico rodado. Esto sucede frecuentemente en Ámsterdam y en ocasiones es de lo más desagradable pasear por sus calles, que parecen una yincana.

Y todo por no apostar convencidamente e invertir en condiciones, con ayuda de sus compañeros de partido en el Gobierno central y la primordial colaboración de la Junta, en una demanda histórica de los sevillanos como es el Metro, que continúa enterrado en burocracia y plazos interminables a pesar de las promesas electorales de las elecciones andaluzas. Crónica de una nueva excusa anunciada.

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