¿Por qué La Estrella es conocida como ‘La Valiente’?

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Foto: Saray Albenca

Dicen que la historia la escriben los vencedores. Y vaya las casualidades, que la escriben plagada de faltas de ortografía. Al igual que Napoleón no era realmente de baja estatura, ni las pirámides fueron levantadas por esclavos, ni Juana la Loca estaba loca, La Estrella no salió en procesión aquella Semana Santa de 1932 bajo bombas republicanas ni saltándose prohibiciones. Aunque tampoco se lo pusieron nada fácil a esta hermandad de Triana.

Tras las elecciones del domingo 12 de abril de 1931 se proclamó la II República española y durante los cinco años siguientes, el mundo cofrade en Sevilla sufrió un tremendo terremoto de injerencia política. La crisis económica de aquellos años afectó también en gran medida a las hermandades sevillanas. En una ciudad con pagos pendientes tras la Exposición Iberoamericana, las distintas cofradías (45 en total por aquel entonces) vieron mermados sus ingresos, obligando a muchas de ellas a no salir de forma regular. Al mismo tiempo, el recién constituido gobierno republicano separaba las instituciones Iglesia-Estado, de forma que se rompieron muchos de los compromisos económicos que el segundo le había prometido al primero en gobiernos anteriores.

Fue entonces cuando la Semana Santa se convirtió en un arma ideológica de doble filo. La leyenda, pasada por el filtro de la dictadura, ha llegado a nosotros narrando como la Virgen de la Estrella fue la única cofradía que hizo frente a la prohibición impuesta por la República de que se celebrase la Semana Santa en la primavera de 1932. Una versión que no es del todo acertada.

Con un clima excepcionalmente convulso, el Gobierno quiso usar la Semana Santa como prueba de estabilidad social para dar una imagen de normalidad tanto a la oposición como al exterior. La postura oficial fue la de apoyar la tradición para que las aguas volvieran a su cauce y tranquilizar así a los sectores más conservadores, huyendo del anticlericalismo que ocupaban las portadas de prensa.

Y así se lo hizo saber el Ayuntamiento de la ciudad a las hermandades sevillanas en una reunión mantenida en diciembre de 1931. El Gobierno Civil, que había retirado fondos a las cofradías, quiso compensar e incentivar la salida de todas las procesiones cediendo los ingresos y el suelo de la carrera oficial y los palcos. El alcalde de Sevilla por entonces, José González y Fernández de la Bandera, trataría de enfriar los ánimos: “si las corporaciones más caracterizadas constituyen un patronato o entidad organizadora de las Fiestas de Semana Santa, el Ayuntamiento que como entidad oficial no puede intervenir ni auxiliar económicamente a las cofradías, les concederá el uso de la vía pública y los ingresos, íntegramente, que se obtiene por ocupaciones de sillas”.

Foto: Saray Albenca

Pero las hermandades no se tranquilizaron, pues intuían en estas palabras una retirada de subvenciones a su causa. Este fue uno de los factores que les impulsó a crear la Federación de Hermandades, Cofradías y Asociaciones Piadosas de la Diócesis de Sevilla, un grupo de presión que fue determinante a la hora de decidir no salir en procesión en 1932 a modo de protesta y desbaratando los planes del Ayuntamiento. Tan solo la Exaltación, la O, la Estrella y la Esperanza de Triana se plantaron y proclamaron que realizarían su recorrido.

Fue, sin embargo, la Estrella, la Valiente, la única que finalmente se atrevió, ante un clima de afilada propaganda política y eclesiástica. Y no le fue fácil. Entre presiones del resto del bloque cofrade y de la derecha política, que la llegaron a tachar de “esquirola”, La Estrella hizo frente a viento y marea para superar sus propias (y tan frecuentes) dificultades económicas para salir adelante con su intención de sacar a la Virgen de la Estrella por San Jacinto esa primavera. Y así se lo hizo saber al Ayuntamiento de la ciudad, con una carta de la que reproducimos aquí el siguiente fragmento:

“Responde a la realidad de un estado económico precario, ya que estando integrada esta Cofradía por personas de la más humilde condición social, sus ingresos normales han sido anulados por la crisis económica que sus cofrades vienen padeciendo. Por lo mismo que pertenece al pueblo, tiene esta Cofradía fervientes deseos de no producirse de forma contraria al interés general. Procuraremos por todos los medios, con verdadero espíritu cristiano y con alta conciencia ciudadana, afrontar la situación, y tenga V.E. la seguridad absoluta que esta Cofradía, que es del pueblo, al pueblo se debe, que es tanto como decir que se debe al régimen constituido legalmente”.

Cuando la Estrella se decidió por fin a salir ya era Jueves Santo. Pero salió, aunque no tuvo un recorrido tranquilo. El lanzamiento de cohetes petardos y al menos una piedra contra uno de los pasos, provocaron el pánico entre los asistentes en varios momentos de una penitencia con los nervios a flor de piel.

Y se dice que, tal y como recogieron periódicos de la época, entre las ovaciones y aplausos que recibió la Estrella por aquella salida, varios llegaron a gritar “Viva el comunista libertario”, algo que fue contestado inmediatamente por vivas a la Virgen de la Estrella y a Triana.

Ignacio D. Gayoso

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