‘Palomita de Triana’, 25 años coronada

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FOTO: Juan Manuel Labrador.

Javier Fernández Maeso | @JaviFdezMaeso


La salida extraordinaria de Nuestra Señora de la Encarnación con motivo del XXV Aniversario de su coronación canónica es una de las protagonistas del presente fin de semana. La titular mariana de la Hermandad de San Benito regresa esta mañana a su templo, sito en el barrio de la ‘Calzá’, desde la Catedral de Sevilla.

El 10 de diciembre de 1994 fue coronada por el cardenal Carlos Amigo Vallejo. Un evento que nos reveló la curiosa imagen de la dolorosa procesionando bajo las luces de Navidad, algo que pudimos revivir el pasado viernes, 25 años después. Hoy, en la procesión de vuelta podremos apreciar, al igual que ocurriera el viernes en la de ida, la herencia que todavía conserva esta corporación de su etapa trianera. Antes, es necesario contextualizar y recordar el vínculo que une a la Hermandad de San Benito y, concretamente, a la Virgen de la Encarnación con el barrio de Triana.

La Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre y Nuestra Señora de la Encarnación se funda el 18 de julio de 1554 en el monasterio franciscano de Nuestra Señora de la Victoria, que se ubica por aquel entonces en Triana, cuando Fernando de Valdés, provisor del Arzobispo de Sevilla, ratifica las primeras reglas de la corporación. Sus fundadores fueron en su mayoría carpinteros de ribera y calafates del Puerto Camaronero.

La cofradía protagoniza una breve estancia en la Parroquia de Santa Ana hasta que, alrededor de 1565, sus cofrades adquieren en propiedad un solar en la cava vieja de Triana. Allí erigen un hospital y capilla para el culto de sus imágenes. Por aquella época, en lo que respecta a sus titulares, el Cristo de la Sangre era un crucificado tallado por Francisco de Vega en 1553 -un año antes de la fundación de la hermandad- y policromado por Pedro Jiménez. En lo respectivo a la Virgen de gloria de Nuestra Señora de la Encarnación, era una efigie de candelero para vestir, que se atribuye al círculo artístico de Juan Bautista Vázquez ‘el Viejo’. La Hermandad de San Benito aún conserva dicha imagen, aunque muy retocada.

La hermandad se encuentra plenamente arraigada en el barrio por aquella época, forzando incluso a desistir a una comisión que trataba de arrebatarle la propiedad del hospital, a consecuencia de un decreto cardenalicio que pretendía reducir a dos los hospitales de la capital hispalense, en busca de ofrecer un mejor servicio ante la proliferación de los mismos en Sevilla. Así, sobre 1587 la hermandad lleva a cabo regularmente su estación de penitencia a la Parroquia de Santa Ana con la imagen del Cristo de la Sangre durante la tarde del Jueves Santo.

A partir de 1634 se empieza a realizar la estación de penitencia durante la tarde del Viernes Santo,  incorporando ya la imagen dolorosa de la Virgen de la Encarnación que conocemos actualmente. La hermandad alcanza esplendor y popularidad en Triana en el siglo XVII, disfrutando de tributos por juros y mandas testamentarias, por alquileres de propiedades en el barrio, además de aportaciones procedentes de las fundaciones de capellanías de misas y diferentes donaciones por parte de los devotos. Esto posibilita que durante este periodo se acometan importantes obras de reforma en la capilla, además de la renovación de los pasos procesionales.

En el siglo XVIII la corporación se encuentra completamente consolidada en Triana. Realizaba con bastante regularidad su estación de penitencia por el barrio, especialmente a partir del año 1750, y cuidando además los cultos anuales y, sobre todo, la Función a la Virgen de la Encarnación, que se celebraba en su festividad litúrgica el día 25 de marzo.

La gran riada que sufrió Triana acarreó consecuencias demoledoras a la capilla de la hermandad en 1792, de modo que se desplomaron sus pilares y techumbres. La cofradía no tuvo otra opción que restaurarla en profundidad. El importante desembolso económico que esto supuso provocó efectos negativos en la vida de la corporación, por lo que se suspendió la salida procesional durante varios años. Así, el 18 de mayo de 1794, como acción de gracias por la finalización de las obras, se ofició una solemne función y posterior procesión con la Virgen de la Encarnación de gloria.

El Viernes Santo de 1845 la hermandad realiza por primera vez su estación de penitencia hasta la Catedral atravesando el río por el puente de barcas que unía Triana con Sevilla. Estrenaban el paso del Cristo, de estilo neoclásico. El palio, de plata, era el más rico de la época y en su techo figuraba una paloma, -la sigue llevando- motivo por el cual la dolorosa era conocida como la “Palomita de Triana”.

Los nazarenos vestían túnicas de cola de color rojo en el Cristo y negro en la Virgen. Poco después la corporación entra en decadencia, procesionando por última vez desde Triana en 1848.

En 1868 resurge la hermandad celebrando incluso una procesión con la imagen de la Virgen de la Encarnación de gloria, pero en ese mismo año la Junta revolucionaria decreta el cierre al culto de la Capilla, que sería derruida en 1874, trasladándose la imagen del Cristo a un pueblo de la provincia, mientras que la de la Virgen pasó en 1875 a la Iglesia de San Benito. Este acontecimiento marca el fin de la etapa trianera de la hermandad, al igual que el comienzo de la devoción a la Virgen dolorosa de la Encarnación en el barrio de la Calzada.


Actualmente se continúa apreciando la esencia trianera de la Virgen de la Encarnación
Coronada, que perdura en la cultura popular cofrade y en el patrimonio musical de la cofradía. La marcha ‘Palomita de Triana’ (Francisco José Escobar Lama, 2004) es una obra con excelente acogida, no solo en el entorno de la Hermandad de San Benito, sino en el mundo cofrade.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en la propia ‘Salve de la Encarnación’ compuesta por Pascual González precisamente para la coronación canónica de la dolorosa en 1994. En el preludio, el artista sevillano y fiel devoto de dicha imagen, recita: “cuán grande eres María, Encarnación Soberana, por Dios padre la elegida de ser nuestra Inmaculada, Paloma de la alegría, hija de Señá Santa Ana, cuán grande eres María, señora de la Calzada”.

 

Probablemente, esta composición con coro que interpreta la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Encarnación es la más simbólica de dicha dolorosa. Y en su letra se encuentran más e ineludibles referencias a su pasado trianero: “En Triana Palomita y en Sevilla Inmaculada, Dios te Salve, Reina y Madre, Encarnación Coronada”.

Son solo algunos ejemplos, sin embargo en la dolorosa de la ‘Calzá’ y todo lo que la rodea se pueden encontrar multitud de guiños y referencias a su vínculo histórico con Triana. Y una nueva oportunidad para comprobar todo ello es hoy mismo en su regreso a la Parroquia de San Benito, que tendrá lugar a partir de las 9:00 horas con el siguiente itinerario:

Puerta de los Palos. Catedral (Salida, 9:00 horas)
Alemanes
Argote de Molina
Francos
Cuesta del Rosario (10:30 horas, palio)
Plaza Pescadería (despedida de las hermandades acompañantes)
Jesús Tres Caídas
Odreros
Boteros
Plaza Cristo de Burgos (11:35 horas, palio)
Alhóndiga
Plaza de San Leandro (12:00 horas, rezo del Ángelus ante el convento)
Cardenal Cervantes
Santiago
Iglesia de Santiago (12:30 horas, palio)
Muro de los Navarros
Puerta Carmona
Luis Montoto
Asilo Hermanitas (14:15 horas, palio)
Parroquia de San Benito (Entrada, 15:30 horas)

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