“Me quedo en la calle y no tengo a nadie que me pueda ayudar”

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Antonio Rico en un banco del Parque del Turruñuelo. | FOTO: Saray Albenca.

Saray Albenca | @SarayAlbenca


Antonio Rico, de 25 años, es un vecino de Triana humilde y trabajador. Cada día se levanta para ir al trabajo y cuidar a sus animales, a los que él describe como su familia. Una vida sencilla y acogedora, hasta que una mañana se convirtió en una pesadilla. Sin ningún familiar o amigo que pueda hacerse cargo de él, recibió un aviso de desahucio con fecha límite de una semana a contar desde el mismo día en que lo recogió.

El viernes 14 de enero, Antonio recibió en su domicilio una notificación sorpresa por parte del juzgado: el día 21 de enero a las 10:00 horas procederían al desahucio de su vivienda. La razón argüida es un juicio contra su hermana, titular del piso y ausente desde hace años. En el escrito se cita que el apartamento ya no pertenece a la propietaria por recurrentes impagos. Ahora el dueño es un fondo de inversiones. Encontrándose en esta encrucijada, inmediatamente decidió ponerse en contacto con su amigo y tocayo Antonio, abogado de profesión.

“Llevo sin tener contacto con mi hermana desde septiembre del año pasado. No sé qué ha ocurrido para que me desahucien del piso. Desconozco si ha tenido que ponerlo como aval para cualquier otro préstamo o algo así, pero tampoco puedo averiguarlo porque no sé nada de ella”, explica.

En cuanto a sus conversaciones con el fondo de inversiones, actual propietario de la vivienda, comenta que “jamás me han ofrecido un alquiler, solo pagar la parte correspondiente de la hipoteca, de la que no se hace cargo el banco, que es el 20% del total. ¿Cómo pago eso en una semana? ¿De dónde saco el dinero? No tengo problemas en abonar un alquiler, trabajo, cobro mi sueldo y no afronto ningún otro gasto que la casa, pero no puedo pagar esa suma en tan poco tiempo. Eso es lo que más rabia me da, que no me han dado ninguna otra opción”.

Ante esta situación, Antonio y su abogado se pusieron manos a la obra. Presentaron todos los recursos pertinentes y los documentos solicitados. “He hablado incluso con la asistenta social y he alegado la tenencia de tres animales: un perro y dos gatas. Ni siquiera han tenido en cuenta eso, han desestimado todos mis recursos. Tampoco ha habido un juicio a mi nombre y me han negado la justicia gratuita”, lamenta.

Trabajo de cocinero pero nadie me alquila un piso por mi edad y mis animales

Antonio ha vivido toda la vida en este piso, sito en la calle Fray Tomás de Berlanga, en la trianera barriada de Santa María, donde convivía con su hermana mayor. Pagaban el alquiler con el sueldo de los dos, hasta que decidieron obtenerlo en propiedad. Tras eso, hace siete años, su hermana se marchó a Madrid a trabajar, quedándose Antonio en la vivienda, aunque la titular seguía siendo ella. Según relata, jamás sospechó que el dinero que le daba para pagar la hipoteca “no tenía ese propósito”. Su hermana incluso le “llegó a asegurar que la hipoteca estaba pagada y que el piso ya era propiedad de los dos”. Hasta el viernes pasado, cuando Antonio recibió la notificación.

“De repente me encuentro con que me voy a quedar en la calle en una semana y no tengo apoyo de nadie. No tengo familiares cercanos y ningún amigo me puede ayudar. Estoy solo en esta lucha”, reconoce afligido. Antonio es cocinero y tenía la ilusión de estudiar Hostelería para formarse profesionalmente y “evitar la precariedad laboral”. Llevaba un tiempo ahorrando para ello pero esta situación ha desmontado todos sus planes, sueños e ilusiones. “Desde que me enteré de todo estoy buscando un piso donde poder mudarme de alquiler, pero no encuentro nada. Siempre me dicen que hay otras personas interesadas o me dan largas”, se queja.

Detalle de las manos de Antonio Rico. | FOTO: Saray Albenca.

Además, añade al respecto: “en cuanto les digo que tengo animales ya no quieren saber nada. No es justo que ellos lo paguen. No los voy a dejar en la calle. Aunque también les produce rechazo lo joven que soy. Piensan que no voy a pagar, que soy un cafre o un irresponsable”. El juzgado declaró que la vivienda estaba inhabitada al intentar contactar varias veces con la propietaria y no obtener ninguna respuesta por su parte. “Lo tacharon de rebeldía”, explica, pero  “el piso nunca ha estado deshabitado” pues es su domicilio desde hace muchos años y tiene “dadas de alta la luz y el agua”.

Sobre el entuerto en el que se encuentra, aclara: “si me lo hubieran notificado a mí, me hubiera presentado al día siguiente si hacía falta. Pero, al ser ella la titular, la notificación venía a su nombre. A pesar de que mi hermana se marchó a Madrid nunca me planteé cambiar la titularidad del piso. Ni se me pasó por la cabeza. Hemos pasado mucha miseria juntos, nunca pensé que me traicionaría”, confiesa. Antonio, según cuenta, accedió a comprar el piso pensando que siempre tendrían “un hogar, un sitio donde volver, un techo. Ella se iba fuera pero el piso siempre sería nuestro”.

Una de las cosas que no le cuadran es que dejó de pagar el apartamento hace tres años porque “ella me dijo que ya estaba pagado. Resulta que no es verdad, que no está pagado al completo y se lo han quitado por varios impagos. Yo ni siquiera sabía si le mandaban moratorias o no. Me he enterado de todo cuando ya lo había comprado un fondo de inversores conmigo dentro y ahora tengo un grave problema”, declara sobre este conflicto que no sabe cómo resolver.

Lo único que me queda es pegarle una patada a la puerta de un piso y meterme dentro

Las oportunidades que le ofrecen el fondo de inversiones y la asistenta social no están a su alcance, por lo que asegura: “lo único que me queda es pegarle una patada a la puerta de un piso y meterme dentro con mis animales. No le voy a hacer daño a nadie, siempre he hecho las cosas bien. Nunca he robado ni he cometido ningún delito y llevo toda la vida trabajando. Pero no me voy a ver en la calle. Hay criminales sueltos por el país con delitos más graves que este. No buscaré un piso de un particular, sino uno que pertenezca a un banco. No quiero perjudicar a nadie”, se justifica.

La justicia no le ampara y, para él, las ayudas son lentas e ineficaces. Antonio ha pensado en solicitar una vivienda de protección oficial, aunque sabe que el tiempo juega en su contra. “La nueva ley dicta que si ocupas un inmueble no puedes optar a un domicilio de ayuda. ¿Pero qué hago mientras tanto? Pueden pasar hasta dos años para la entrega de tal piso, no voy a ser un vagabundo hasta entonces. No quiero eso en mi currículum”, afirma. Ya le quedan pocas esperanzas de que la situación cambie y casi ninguna opción.

Antonio Rico, trianero de 25 años, está a punto de ser desahuciado. | FOTO: Saray Albenca.

De hecho, manifiesta: “lo veo todo muy negro. No puedo hacer nada más. El próximo viernes, 21 de enero, estaré allí con mi abogado y espero que con muchos vecinos, a ver si podemos pararlo o posponerlo por presión social. Es mi última esperanza”. “Los días pasan rápido, pero las noches pasan muy lentas. Me voy quedando sin tiempo. Mi cabeza no para de dar vueltas intentando asimilar la situación. He dormido ocho horas en tres días. No puedo ni comer”, comenta sobre su estado físico y mental ante lo que ocurre.

La infancia de Antonio no fue fácil. Su madre nunca ejerció su papel, tal y como él mismo detalla, y fue siempre su hermana, diez años mayor que él, la que estuvo a su cargo. Por eso jamás imaginó que ella pudiera dejarlo en la estacada y desaparecer de ese modo, según revela. Él sigue buscando un lugar donde mudarse y no está dispuesto a rendirse. Sabe que en la calle lo tendría más difícil para trabajar. “Perdería mi trabajo, que es lo único que me queda, si no tuviese donde ducharme o lavar mi uniforme. No puedo permitirme estar en la calle”, admite.

Su caso se ha extendido como la pólvora en las redes sociales, donde ha difundido un vídeo que ya acumula más de 80.000 reproducciones. Esto le ha puesto en contacto con otras personas en una situación similar, que han ocupado un inmueble ante la falta de auxilio. “He encontrado casos de madres soltera o incluso familias con algún miembro con discapacidad motriz que no saben si al volver del trabajo se encontrarán el piso cerrado. Pero no saben qué hacer: ¿qué haces con un bebé o con una persona discapacitada? No pueden vivir en la calle”, razona.

He dormido ocho horas en tres días. No puedo ni comer

Las leyes no tienen en cuenta las situaciones especiales en las que se encuentra el inquilino, piensa Antonio, a quien le gustaría hablar cara a cara con el juez y pedirle que mirase más por los que se encuentran por debajo, sin posibilidades: “los de abajo estamos muy cansados”. “En la Constitución se declara que los dirigentes deben proveer de vivienda al pueblo y no permitir la especulación inmobiliaria. Eso no se está cumpliendo. La especulación lleva en nuestro país desde 2008”, opina. Antonio no ha conseguido parar el alzamiento, que sigue previsto para el próximo viernes 21 de enero. Desde aquí, lanza un llamamiento a los vecinos de Triana.

“Siempre he sido humilde y sé que eso no me da derecho a que se me deba nada, pero solo quiero un techo bajo el que poder vivir y que poder pagar. Me gustaría que me diesen un aplazamiento, al menos, para buscar así otra vivienda y organizarme. Por eso le pido a los vecinos, que tanto me han apoyado y que me han tratado tan bien, que por favor me ayuden a buscar un piso. Tengo con qué pagarlo. Me da igual como sea. Mi rutina solo es trabajar y pasear a mi perro, no soy un inquilino problemático”, expone en su intento de recabar apoyo.

Por último, finaliza: “ruego también a los vecinos que todo aquel que pueda se acerque el viernes a las 9:30 horas a la calle Fray Tomás de Berlanga donde tendrá lugar el desahucio. A ver si entre todos podemos presionar socialmente y conseguir ese aplazamiento que me salvaría de tal situación”.

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