La esplendorosa salida del Rocío de Triana

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Simpecado de la Hermandad del Rocío de Triana ante la Capilla de los Marineros durante la mañana de su salida, el miércoles 4 de junio de 2025. | FOTO: Hermandad de la Esperanza de Triana.


Javier Fernández Maeso
| @JaviFdezMaeso


Una luminosa mañana, como el título de aquella canción del grupo Triana, protagonizó la salida de la sexta hermandad filial de El Rocío hacia la aldea, el pasado miércoles 4 de junio. El alba despuntó con cohetes, puesto que a las 7:00 horas se trasladó en Rosario de la Aurora el Simpecado -con la icónica ‘Chiquitita’- hacia la Parroquia de San Jacinto.

El templo dominico albergó la Misa de Romeros y, sobre las 8:30 horas, salió el Simpecado al compás de San Jacinto para colocarse en la carreta de plata, que aguardaba en plena calle Pagés del Corro.

A partir de ahí, echó a andar la carreta del Simpecado tirada por los bueyes y, a unos pocos metros, se detuvo frente a la Capilla de la Estrella. Tras el encuentro de ambas hermandades, prosiguió su itinerario por el barrio adentrándose en la Cava de los Gitanos. Discurrió por Rodrigo de Triana hasta la Plazuela de Santa Ana, la cual atravesó para tomar Párroco Don Eugenio.

Allí se realizó, junto a la gótica puerta de la Real Parroquia de Señora Santa Ana, la presentación ante las hermandades de la Pastora de Triana, Madre de Dios del Rosario y el Carmen de Santa Ana. Bajo un cielo de papelillos rosas y celestes de María Auxiliadora, que embellecía aún la calle antes citada, se fundieron en un costumbrista entorno varias de las devociones letíficas del arrabal.

 

El Simpecado trianero alcanzó Pureza, escoltado por la caballería de la hermandad, y se paró ante la Capilla de los Marineros, donde se demoró unos minutos el encuentro con la cofradía de la Madrugá. Pero el Simpecado retomó su ruta a los sones de ‘Esperanza de Triana Coronada’, que se mezcló con los cantes de los peregrinos.

A la altura de la casa del Mora, tiraron al Simpecado matitas de romero desde el balcón, engalanado para la ocasión. La carreta continuó por el Altozano, San Jorge y, en la confluencia con Callao, detuvo otra vez su discurrir, pues los niños del Colegio Nuestra Señora del Rosario cantaron la Salve del Rocío de Triana. Ya todo era calle Castilla; sinónimo de Rocío y de Triana bajo una blanca luz.

 

 

En la Parroquia de la O, volvieron a recibir el Simpecado con una alegre ‘petalá’ y se cantó el ‘Salve, Madre’ con los hermanos de La O. Entre ‘vivas’ se despidieron ambas corporaciones y la carreta de plata siguió por Castilla hasta llegar a la Plaza de Chapina, donde se espera a la ‘Chiquitita’ con un festivo ambiente. Muchos vecinos se reúnen allí entre cantes por sevillanas, ‘vivas’ y salves rocieras antes y durante el paso del Simpecado. En los últimos años es algo que llama la atención con más fuerza.

El siguiente tramo de Castilla, adornado con tiras de flores de papel, dispuestas de un lado a otro de la calle, recorrió el Simpecado bajo nuevas matas de romero que los vecinos suelen lanzar a su paso desde esos balcones.

Antes de despedirse de Triana por el Patrocinio hasta ocho días después, la carreta de plata -con naranjas, limones y flores rojas- enfiló la puerta de la Basílica del Santísimo Cristo de la Expiración. Ante la Hermandad del Cachorro y entre ‘vivas’, El Rocío de Triana puso rumbo a la aldea para vivir otra vez el sueño de la romería más esperada en el barrio.

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