Insuficiente para una Fiesta Mayor de Sevilla

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FOTO: J.F.M.

Javier Fernández Maeso


La Velá de Santa Ana cerró el pasado viernes 26 de julio su segunda edición como Fiesta Mayor de Sevilla. Ha transcurrido una semana desde que echara el telón la fiesta de Triana por excelencia y, con algo más de perspectiva, se pueden valorar los resultados y hacer balance de lo vivido para extraer conclusiones sobre el rumbo que debe tomar la Velá.

Durante las últimas ediciones la Velá ha mejorado en infraestructuras, especialmente en limpieza, seguridad y movilidad, así como en la calidad de las actividades deportivas que conforman su programación, a pesar de la desaparición de la Milla Santas Justa y Rufina que organizaba la Hermandad de la Estrella. En cambio, hay otros aspectos reclamados por los vecinos que siguen en ‘stand by’ desde hace años.

Si realmente se pretende que la Velá de Santa Ana esté a la altura de una Fiesta Mayor de Sevilla, como la Semana Santa o la Feria de Abril, hay cuestiones que se deben mejorar. En caso contrario, esta celebración que se remonta al siglo XIII cuando el rey Alfonso X ordenó construir la Parroquia de Santa Ana, no se corresponderá con la antigüedad que la respalda ni con la relevancia que el Ayuntamiento de Sevilla la distingue -como Fiesta Mayor- en relación a las demás fiestas de la ciudad.

Los aspectos que más carencias manifiestan desde hace varias ediciones, y en torno a los que hay mayor consenso vecinal, son los siguientes:

Portada. La tienen la Feria o el Corpus y la tuvo la Velá hasta no hace demasiados años en el inicio del Puente de Triana por la orilla opuesta al arrabal. Muchos son los sevillanos, visitantes y turistas, y cada vez son más, que acceden a la calle Betis para vivir la Velá desde el centro de la ciudad cruzando el puente. Sin la portada, este entorno y el paseo pierden lustre.

Iluminación. Tan solo la calle Betis y la Plaza del Altozano, con su paraguas de bombillas, se han iluminado. Algunos vecinos apuntan especialmente a la falta de iluminación en la calle San Jorge, pero también se echa de menos en la zona peatonal de la calle San Jacinto, que oficiosamente se integra en el área de celebración de la Velá.

Actuaciones. Probablemente lo más deficiente. Las condiciones técnicas de los espectáculos han dejado que desear, como el día de Emilio Caracafé, cuyo concierto se retrasó más de media hora. Igualmente, los horarios programados no se han cumplido correctamente algunas noches. Pero lo que se ha de mejorar con más urgencia es el nivel de las actuaciones.

El flamenco, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, tiene su origen en Triana de forma destacada, por lo que es incomprensible que la fiesta del arrabal carezca de una programación de flamenco al más alto nivel. Y es que la inversión municipal en este sentido es muy deficiente. La apuesta por el flamenco no se puede concentrar en la Bienal y reducir la ‘Noche Flamenca’ de la Velá a un homenaje a Los Romeros de la Puebla -necesario y con buena acogida, todo hay que decirlo- pues Triana se merece mucho más.

Artistas reconocidos, ya sean locales o foráneos, que interpreten los cantes grandes del arrabal, se esperan en la Plaza del Altozano hace demasiado tiempo. Para más inri, el espectáculo flamenco de mayor calidad en la última edición de la Velá ha sido el de Emilio Caracafé, precisamente el que sufrió mayores contratiempos técnicos.

Pero es peor aún. Al guitarrista del Polígono Sur lo acompañaron el cantaor onubense Arcángel, el jerezano David Lagos, José Manuel Soto y el bailaor trianero Paco Vega. Ninguno de ellos aparecía reflejado en el programa de la Velá. De esta forma, el cartel flamenco de mayor nivel en la Velá de Santa Ana 2019 se ha desconocido hasta el momento de iniciarse espectáculo, por lo que los aficionados se han quedado sin asistir.

El modelo de dispersar las actuaciones flamencas en distintas noches tampoco contribuye a la presencia de aficionados, que en Triana no son pocos, ni al nivel del espectáculo. La cantaora Alicia Gil o Cristian Guerrero en la denominada ‘Noche Trianera’, por ejemplo, pusieron el toque flamenco a una noche de actuaciones que no se supo muy bien de qué iba.

Pero no todo es flamenco en el arrabal. La ‘Noche de la Copla’, con el ya tradicional homenaje a Marifé de Triana, quizás estuvo más a la altura de lo que se espera. Laura Gallego, ganadora de la segunda edición de ‘Se llama Copla’, fue la estrella del evento. Pero algunos mantienen que hay que elevar el nivel de una noche que además arreglan cada año con las mismas dos o tres artistas.

Casi obligatoria parece la intervención de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla en el programa de espectáculos de la Velá. Esta formación musical es un maravilloso recurso público que debe estar presente en la Velá de Santa Ana como Fiesta Mayor de Sevilla, tal y como sucede en el Corpus Christi, en el Alumbrado de la Feria o el Sábado Santo en la procesión del Santo Entierro. Muy acertada también la elección del repertorio, con composiciones de los Font, padre (Fernández) e hijo (de Anta), relacionadas con Triana -algunas de ellas montadas para la ocasión y rescatadas del olvido- y que se interpretaron contando con las voces de Patricia Vela y Fran Doblas -este último quizás algo más flojito-.

Por lo demás, cabe destacar el descenso de nivel del espectáculo más destacado de la programación: el show radiofónico de ‘La Cámara de los Balones’ se había convertido en un seguro para los organizadores durante las últimas ediciones de la Velá. Su éxito de acogida y afluencia de público ha sido recurrente cada año. En cambio, el lunes 22 de julio, el espectáculo de ‘La Cámara de los Balones’, programa de Radio Sevilla, se presentó en la Plaza del Altozano sin su equipo de imitadores, por lo que el show, conducido por Manu Sánchez y Fran Ronquillo, duró la mitad de lo habitual y simplemente contaron con El Koala como colaborador. Aunque intentaron salvar el expediente, la diferencia respecto a otros años se notó y fue un petardazo en toda regla.

Como era previsible, los triunfadores de las actuaciones de la Velá fueron los ‘Daddy Cadi’. El éxito de la chirigota sevillana en la última edición del Carnaval de Cádiz, unido a la creciente afición de los sevillanos por dicha fiesta, propiciaron que gente de Sevilla y más allá se diera cita en el Altozano para ver a los ‘Daddy Cadi’. En una plaza abarrotada por un público de todas las edades, los chirigoteros, cuyo local de ensayos se encuentra en El Tardón, pusieron en pie a bailar, como nunca antes se recuerda, a un público que repetía sus letras de pe a pa.

Una chirigota con un mensaje cargado de estereotipos sobre los latinos y la música de reggaeton y que emplea algunas cualidades rítmicas de este género para crear un espectáculo musicalmente más atractivo, pero utilizando como bandera el reggaeton a modo de un simple disfraz, de manera frívola y sin mucho criterio. A favor de los ‘Daddy Cadi’ se puede apuntar que saben entender estupendamente la fiesta del Carnaval de Cádiz, que tienen ingenio, arte, se mueven y cantan con gracia, además de haber trabajado la chirigota durante horas y horas.

Así pues, la chirigota fue el “momento top” de la Velá en el Altozano, que acabó cantando ‘qué bonita está mi Cádiz, qué bonita mi ciudad, que rebosa de alegría cuando llega el carnaval’. Una situación tan surrealista como representativa: que uno de los momentos cumbre de la última Velá de Santa Ana sea una oda a Cádiz refleja a la perfección la gestión municipal de las actuaciones.

Y sí, aquello se puede enmascarar con el romántico argumento de que Triana es un lugar de acogida, abierto a los demás, sin prejuicios, producto del paso de tantas civilizaciones por el arrabal. Pero que este lícito argumento no oculte la realidad de la enésima gestión lamentable de los espectáculos de la Velá.

Fuegos artificiales. Otra pérdida de la Velá que se echa de menos y muchos vecinos reclaman. El fin de fiesta adecuado para una celebración que parece llegar a su fin la noche del 25 de julio con las Nanas de Santa Ana, más que la noche del 26, que expira sin pena ni gloria tras la última actuación en el Altozano y los horas finales, previas al cierre de las casetas a las 3:00 horas. Se nota demasiado la ausencia de un broche en condiciones para despedir la Velá, como cuando la gente llenaba la zapata y el Puente de Triana para ver los fuegos. Momentos que ya alimentan nuestra nostalgia más que otra cosa.

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