El cielo de los trianeros

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Javier Fernández Maeso

@JaviFdezMaeso
Director de Triana Digital


¿Cómo sería el cielo para los trianeros? ¿Existiría Triana en el más allá? Si fuera así, ¿cómo sería esta utopía paradisiaca? Crisis existenciales aparte, se trata más bien de una evocación patrimonial, identitaria, folclórica o como cada uno la asuma en su interior.

Hablaba Pablo Pozuelo en su artículo ‘La voz del Mudo’ sobre la labor de Francisco Rodríguez Moreno, el Mudo de Santa Ana, como cancerbero de la ‘Catedral de Triana’, que también está representado en la imagen de San Pedro vigilante en lo alto del coro de la parroquia. Añadía que allí permanecerá eternamente pendiente de quienes entran en el Cielo de los trianeros.

¿Es qué consistiría este cielo de los trianeros? Si me trasladara a él por unos instantes, el sentir, más que el sentido común, me dice que me recibiría el Mudo en la Parroquia de Santa Ana con las llaves del cielo para los trianeros. Ahora me dispongo a pasear por esta Triana utópica que nos brinda el más allá y saliendo a la calle me bendice a las puertas del templo el Padre Eugenio, justo antes de salir a la Plazuela donde, cuál es mi sorpresa, me encuentro a Tele y Jesús de la Rosa interpretando ‘Abre la puerta’ entre botellines. Menudo recibimiento.

El Altozano es una fiesta. Manuel Molina toca la guitarra, cantan Paco Taranto y la Perla de Triana y baila Rafael ‘El Negro’

Me encamino por Pureza hacia la Plaza del Altozano. El Fillo y la Andonda cruzan la calle discutiendo y Esperanza la del Maera canta en una silla de enea inundando el aire con su voz como el trino de un jilguero. Voy dejando atrás su cante conforme avanzo hacia el Altozano pero enseguida me vienen al oído rumores de copla desde la calle Fabié. Porque en el cielo las distancias son diferentes. Así pues escucho a Paquita Rico alegrando la jornada a sus vecinos mientras tiende la ropa en el corral.

Y el Altozano es una fiesta. Manuel Molina toca la guitarra, cantan Paco Taranto y la Perla de Triana y baila Rafael ‘El Negro’. De pronto se arranca El Herejía por bulerías y minutos después el Titi de Triana por Tangos, mientras sale a bailar Carmen ‘La Calzona’. Juan Belmonte y Gitanillo de Triana les jalean. Bendita juerga. No quiero irme de allí. Pero mi camino me lleva hacia la Cava de los Civiles y mientas me alejo del Altozano, echo la vista atrás y al fondo de la plaza se recorta la figura del Chaque, quien se encuentra arrodillado limpiando los zapatos de un vecino.

Por la calle Alfarería otra vez me alcanzan sones de copla, pues Marifé canturrea asomada a la ventana. Llego a Procurador y está abierto el bar Macario, de donde sale el Vari murmurando por soleares “pídeme lo que tú quieras y lo que te dé la gana, no me vayas a pedir que me vaya de Triana”. Y no me he ido. Estoy muerto pero vivo.

Frente al Hotel Triana, Oliver y Naranjito discuten por qué la plaza lleva el nombre de uno de ellos pero el monumento está dedicado al otro. “Estas cosas de los vivos…”, refunfuña Oliver mientras aparece Antonio ‘El Arenero’ y la gente se reúne con solemnidad alrededor de los tres para escucharles cantar con maestría las soleares payas alfareras. A media distancia les observa el maestro de este cante, Ramón el Ollero, que les mira con orgullo.

Sigo mi camino por Manuel Arellano y me paro en la tienda de Manolitro para comprar uno fresquito, como Dios manda. Nada de tabaco suelto, que yo no fumo. Cartel de “No preguntar por la cosa” en su sitio. Todo correcto. Cambio de dirección y me dirijo a Pagés del Corro por San Vicente de Paúl, donde de camino me cruzo con el Litorate. Una vez he avanzado por Pagés del Corro, me asomo de refilón a Antillano Campos y veo a Rafael Ariza mandando un pequeño paso de una cruz de mayo, enseñando a una cuadrilla de niños del barrio que, desgraciadamente, llegaron aquí antes de tiempo.

Al llegar a la Cava los corrales relucen como en otros tiempos, pero los vecinos ya no pasan hambre. Una Triana paradisíaca en la que nuestra cerámica conforma macetas de las que brotan claveles y gitanillas y, de reojo veo entre las flores, tras una ventana de un patio de vecinos cualquiera, a la gran Rosalía de Triana entonando soleares por bulerías a golpe de nudillos, sentada junto a una copita de manzanilla.

Bajo por la antigua calle San Juan, pues mis pasos me llevan hacia El Tardón. Hay una fiesta formada en la Plaza de Góngora. Antonia ‘La Negra’ y Chiquetete se turnan al cante, ¿hay alguna duda de que estoy en el cielo? Porque al toque les acompaña Manuel Molina que, como es el cielo y es Triana, está en muchos rincones del arrabal a la vez. Y El Morito pone la guinda bailando con elegancia.

Al llegar a la Cava los corrales relucen como en otros tiempos, pero los vecinos ya no pasan hambre

Voy dejando atrás El Tardón para cruzar Rubén Darío y terminar mi paseo en la Barriada del Carmen. Porque a los trianeros no nos hacen falta ocho apellidos pero todos tenemos a esos antepasados que en su día sentaron un precedente para hacer posible nuestra crianza y crecimiento en el barrio de Triana, para permitirnos formar parte de esto.

Un cielo en el que caben todos los que se han marchado y han ligado su ser de alguna forma a esta orilla del Guadalquivir. Allá donde nos esperarán aquellos que se han ido recientemente, como el periodista Valentín García, Alfonso; el portero del Olimpic, y todos aquellos cuya ausencia hace mella en el corazón de los que aún se encuentran en la Triana de los vivos, la de los pisos turísticos y las viviendas de lujo para forasteros que pueden permitirse el cielo en vida.

Pero aquí, en el cielo de los trianeros, podremos ver y sentir aún más cerca los rostros del Cristo del Soberano Poder y Nuestra Señora de la Salud, y de todas las imágenes de nuestro barrio. ¿Qué más queremos?

Mi camino llega a su fin, aunque solo por hoy. Bajo la sombra del bloque 8 de la calle Manzanares me reencuentro con Rafael y Fernanda, mis abuelos paternos. Ya que estoy aquí, ostento todo el tiempo que quiera para darme otro paseo de vuelta a San Vicente de Paúl y ver a Antonio y Juanita, que son los otros responsables de mi existencia trianera. Ahora ya el círculo se ha completado y todo cobra sentido. ¿Será así el cielo? Pues si no lo es, se le parece bastante. Viva Triana.

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